La pesadilla continúa en Siria. La masacre acontecida la semana pasada allí nos ha hecho recordar que mientras aquí nos quejamos por el paro y la subida de la luz, en el norte de África las cosas no están mejor.
Pese a que Gadafi ya ha sido derrotado y ajusticiado en Libia, o que Mubarak está siendo ahora juzgado por sus crímenes y excesos, lo cierto es que todavía hoy en día se mantiene el conflicto en estados como Siria o Yemen. Se trata de lugares donde la población ha despertado. Tratan ahora de rebelarse contra los regímenes dictatoriales que las han gobernado durante décadas, y que son ahora insostenibles.
Precisamente, resulta paradójico pensar que esos mismos regímenes, ahora tan crueles y sanguinarios, eran hasta hace cuatro días los grandes aliados de algunos países occidentales. Entre ellos, España.
No podemos negar, que hasta hace algunos meses, media Europa se codeaba con los dictadores que ahora yacen bajo tierra o esperan entre rejas la condena de su pueblo. Es cierto que hace tres años Sarkozy todavía estrechaba la mano a Gadafi o que Zapatero se reunía con Mubarak y otros tiranos para desarrollas su frustrada Alianza de Civilizaciones.
Más allá de la hipocresía de nuestros gobernantes y de la dudosa moralidad con la que rigen la política exterior de Europa, no estaría de más valorar la importancia que la insurgencia de las masas ha tenido en el desarrollo de la Primavera Árabe. De hecho, son estas masas antes humilladas y ahora luchadoras, las protagonistas del movimiento socio-político más importante del siglo XXI.
Como predijo Freud en su estudio sobre la Psicología de las Masas, en 1921, el ser humano es una especie social. Como tal, se siente seguro y fuerte cuando pertenece a un grupo y participa activamente en él.
Fue esta teoría la que explicó en su momento las protestas estudiantiles de Mayo del 68, o el movimiento hippie de los 70. Ahora, después de tanto tiempo, la historia se repite. Esta vez, en un lugar diferente, en un momento distinto. Y sin embargo todo apunta a que el resultado será similar. Después de tanto tiempo de censura y represión, estoy seguro de que la Primavera Árabe abre ahora un nuevo capítulo de paz y libertad.
Oriente Medio está cambiando. Y ese cambio demuestra la capacidad de la sociedad por elegir su propia identidad. Su propio futuro. Y en el norte de África, ese grupo lo forman millones de ciudadanos dispuestos a luchar contra la tiranía para defender la democracia.
Oriente Medio está cambiando. Y ese cambio demuestra la capacidad de la sociedad por elegir su propia identidad. Su propio futuro. Y en el norte de África, ese grupo lo forman millones de ciudadanos dispuestos a luchar contra la tiranía para defender la democracia.

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